lunes, 13 de diciembre de 2010

Nadie puede negar que, en el estado español, la COPEL (Coordinadora de presos españoles en lucha) ha sido uno de los ejemplos más significativos de lucha colectiva dentro y fuera de las prisiones y que tuvo lugar a raíz de la amnistía de presos políticos, tras la muerte del dictador Franco. Esta amnistía y la consiguiente politización social, sirvieron de estímulo a los llamados presos comunes, para reivindicar una amnistía total y el reconocimiento de unos mínimos derechos para las personas presas a finales de los años 70. Este impulso, fue el que años más tarde, retomarían los presos organizados en la Asociación de Presos en Régimen Especial (APRE) en los años 80 y posteriormente en su reconstitución a inicios de los 90. Precisamente fue en el año 1991, cuando el responsable de Instituciones Penitenciarias, Antoni Asunción, impuso a través de una circular interna, la aplicación del Fichero de Internos de Especial Seguimiento, con el fin de acabar con todas las protestas y motines que se producían en prisión. Para ello elaboró la estrategia de construir una prisión dentro de la propia prisión, celdas con unas inhumanas condiciones de aislamiento, en las que los presos señalados como peligrosos y conflictivos, desaparecían y eran tragados por la propia prisión. Con esta medida, un grupo de unos 30 presos, fueron dispersados en 3 prisiones preparadas para dicho encierro. Poco después de la aplicación de este tipo de confinamiento, Salhaketa-Iruña promueve el inicio de la denuncia contra el FIES.
En todos esos años en que los presos más combativos fueron confinados en ese tipo de encierro, las luchas colectivas dentro de las prisiones, desaparecieron y se prodigaron las denuncias individualizadas. La liberación de Patxi Zamoro, conseguida gracias a la labor de la Coordinadora en Solidaridad con las Personas Presas (CSPP), y la publicación por la editorial Virus del libro de Xosé Tarrío, "Huye hombre huye. Diario de un preso FIES", propiciaron posteriormente una nueva situación de fugaz lucha colectiva en el interior de las prisiones, que un grupo de presos en el FIES de Jaén II decidieron impulsar dentro y fuera de las cárceles. Y es precisamente de estas contribuciones, de la labor de denuncia de Salhaketa, de la lucha desde el FIES y fuera de él de Patxi Zamoro y Xosé Tarrío, de la publicación de dicho libro por parte de Virus, de donde pretendemos partir para hacer nuestro análisis, a la vez que recordar a nuestros compañeros, que nos dejaron un digno y emotivo recuerdo y su ejemplar ímpetu de lucha contra las prisiones.
A cinco años de la muerte de Xose Tarrío, su imborrable recuerdo sigue profundamente vivo. La lucha continua.
DVD creado por el Ateneu Llibertari del Casc Antic.
duración:20min.
Idioma: castellano, catalá
http://cascanticllibertari.org/Aportacions_contra_el_FIES_i_la_pres%C3%B3/Ver_categoria

http://es.wikipedia.org/wiki/R%C3%A9gimen_F.I.E.S.

SOBRE LA PSIQUIATRÍA PENITENCIARIA

SOBRE LA PSIQUIATRÍA PENITENCIARIA
La de la cárcel resulta ser como la historia del quinquillero que quiso vender su burro viejo pintándole las canas con betún negro: quien no te conozca que te compre.
De datos sacados del diario ABC, Instituciones Penitenciarias compró a las multinacionales del sector, varias decenas de millones de € en psicomedicamentos. A Lilly SA le compró 2 millones de € en el conocido duermeyonkis Ziprexa; y por poner otro sólo ejemplo escandaloso, 1 millón de € a la multinacional Janssen Cilag por el no menos conocido y temido Risperdal. Añadan a eso miles de cajas de Tranxilium, Seroxat, Valium, Dormodor, Prozac y un largo etcétera.
En 2008, estamos presos en las cárceles españolas la friolera de 71.500 personas. Calcúlese sólo por encima la cantidad de €/interno que II.PP. gasta en algo, que según la propia Legislación Penitenciaria, es para mejorar la salud general a la que todo preso tiene derecho. Psicofármacos que en su inmensa mayoría sirven para tener al enfermo –psíquico o no, y ahí radica la gran cuestión- en un estado de letargo continuo.
Desearía que se hiciesen públicas las cantidades que II.PP. gasta en, por ejemplo, cursos de salud, de autoestima, de atención psíquica especializada y personalizada. Puedo hablar con propiedad. En las casi cien cárceles españolas y para dichos 71.500 presos y presas (muchos de ellos politoxicómanos, trastornados psíquicos, presos con enormes carencias de estima o comprensión, analfabetos, emigrantes que ni conocen el idioma, lúmpenes, toxicomaniacos…) existen Servicios Médicos que, en el mejor de los casos, pudiéramos llamar de “servicios mínimos”. Falta muchísimo personal humano y medios técnicos, pero hay psicomedicamentos como para dopar a todos los presos y presas en territorio peninsular e insular.
Que la cárcel no rehabilita en absoluto es un tema que ya todos los organismos dedicados a su estudio lo saben, demuestran e incluso denuncian. Pero si arañamos un poquito más y nos adentramos en lo que se denomina psiquiatría penitenciaria, el asunto inquiere alarma.
En los módulos de enfermería penitenciarios, lo mismo permanece un esquizo-paranoide junto a un ansioso-depresivo, con un operado de corazón con el cerebro intacto, que con un cojo por ligamentos rotos… En dichos módulos, no existen terapias o cursos ocupacionales por regla general, y en los que sí los hay –por excepción- son de carácter temporal y restrictivo. A los enfermos psíquicos, ni se les deja asistir a actos que se celebran en algunas ocasiones para otros módulos de la cárcel (teatro, poesía, algún evento cultural). No es no, que decía la frase.
Me pregunto, si acaso eso, no ayudaría infinitamente más a dar un empujoncito a la recuperación o tratamiento psíquico del enfermo preso que tanto y tanto psicomedicamento. Ejemplos claros: Una caja de Seroxat cuesta –dudo que valga- 60 €. Con esos 60 €, y con otros tantos de otra, y con los millones de € gastados en Risperdal, Reser, Dorquel, Tranquimazin, etc, etc. se pudiera organizar, todos los días, algún acto psicomanual, de trabajo, de entretenimiento, de autoestima (que tánto falta en esta situación de encarcelamiento), para que muchos de esos enfermos y enfermas mejorasen ostensible y visiblemente. Cursos de psico-drama y curación mental, talleres de manualidades, terapias, charlas de expertos…
Especialistas dispuestos, seguro que los hay. Dinero, como se acaba de demostrar, no faltaría. Y si no, y los peros que se pueden objetar son muchos, entro al trapo a otra realidad que en las cárceles españolas vivimos en primera persona.
En el Estado español, actualmente, existen perfectamente localizables y censadas, 38.200 ONG´s. De ellas, unas 10.000 se ocupan de ayudar a niños, enfermos y marginados. En concreto, unas 1.800 tienen en su programa ayudar o atender al entorno de presos, familiares y propio trabajo intercarcelario.
Yo aquí, como preso político, no voy ni quiero entrar, por hoy, en el papel que debieran o no jugar. Estoy totalmente seguro, eso sí, que si en vez de “amparar” al preso o marginado, criticarían, analizarían y estudiarían seriamente los porqués de semejante problemática –que se nos vende como endémica e irremediable de esta sociedad (capitalista se les olvida decir)-; mucha de esa pobreza, marginación, desigualdad, drogadicción… se verían con unas lupas analíticas de verdadero aumento, que ahora se nos niegan y ningunean.
La inmensa mayoría de esas organizaciones no critican el trasfondo, y por lo tanto, permiten el status actual de todos esos males, que no serían endémicos ni mucho menos irremediables en otro tipo de sociedad más justa y libre. Pero ahora hablo como preso enfermo crónico, no como preso político; si fuera posible realizar la dicotomía, claro está.
Muchas de esas ONG´s dedicadas al mundo carcelario son de procedencia religiosa, en un Estado como el actual que se autodenomina laico. La ayuda que prestan al prisionero, pues, no deja de ser meramente interesada, confesional. Adolece de crítica alguna, pues sus palabras más usadas son “paciencia y resignación”.
Otras muchas ONG´s que logran penetrar en estos muros de aislamiento, lo hacen bajo verdaderos mínimos. Durante 1 mes, 10 presos, en un curso extraordinario de trabajos manuales, contamos con ¡¡3!! tubos de pegamento. “Órdenes de Dirección”. Voluntad no le faltaba a la monitora, pero los impedimentos fueron insalvables.
Otras de las organizaciones, pasan por los módulos como almas en pena. Se presentan, preguntan, apuntan algo y jamás vuelven a aparecer. Supongo que a cobrar la subvención, sí.
¿Acaso no hay grupos, asociaciones, colectivos dedicados a ello, con vocación o remuneración suficiente para que los presos y presas, además de dar vueltas y vueltas por los pasillos, zombis de tánto fármaco, puedan iniciar su autocuración, o al menos disminuir alguno de los síntomas y carencias que ningún psicofármaco cura definitivamente?
Hablo de la posibilidad real de charlas, cine, estudios –laicos por supuesto-, cursos de afrentamiento, de autoestima, psicoterapia, sanidad constructiva, etc.
¿Profesionales dotados para darlos? Cientos, sino miles.
¿Presupuesto? Más barato a corto, medio y largo plazo que la anulación como personas y los cientos de millones gastados en psicofármacos.
¿Resultados? No eliminar la voluntad a personas que actualmente son tratadas como cifras y siglas. E incluso dar una oportunidad a su propia ley, que continuamente habla de rehabilitación y reinserción –cosa imposible en semejante coyuntura-. Y cuidar escrupulosamente con su obligación de velar por los cuidados y atenciones vitales de los y las presas.
Dejemos para otro momento el debate fundamental ¿por qué y para quién las cárceles en los estados capitalistas?
Sirva este texto como una simple reflexión sobre el doloroso trato que sufren los enfermos psíquicos –y no- presos.